“Aquí vive un bolche judío”. Esta fue la frase que los militares pintaron en la casa de Raúl Castro en Luján (Buenos Aires) al no conseguir dar con su paradero cuando fueron a buscarlo.  “Estoy seguro de que venían a matarme a mi y a mi esposa”, afirma Raúl. Su trabajo como abogado sindicalista y su afiliación al Partido Socialista Argentino fueron motivo suficiente para aparecer en las listas de los militares.

Castro y su mujer huyeron a Barcelona en un buque de recreo llamado Cristóforo Colombo; semanas después lo harían sus padres e hijos, junto a los que reconstruiría una nueva vida en España. Frustrados ante la incapacidad de detenerlo, los militares argentinos incendiarían su casa de Luján días más tarde.

“En Barcelona me encontré con gente que me ayudó muchísimo, esta ciudad se caracterizó por ayudar a la gente que había escapado de Argentina”, recuerda Castro. Y es que fueron numerosas las entidades que prestaron apoyo a los exiliados argentinos; serían estas mismas entidades las que ayudarían a crear la Comisión de Solidaridad con Familiares de Desaparecidos (COSOFAM), de la que Raúl Castro formaría parte.